La ley de la siembra y la cosecha


Una de las grandes enseñanzas que nos ha dejado la revolución agrícola fue haber logrado encontrar la maquinaria y la tecnología ideal para liberar el tiempo de las personas que araban el campo. Y gracias a que estas personas fueron reemplazadas por las máquinas, luego las ocuparon para que trabajaran en el nacimiento de nuevos pueblos y ciudades que, en algunos casos, llegaron a convertirse en metrópolis.




En pocas palabras, la disponibilidad del excedente de mano de obra agraria luego sería fundamental para la creciente industria urbana.

Ahora, imagínate lo siguiente:

Imagínate que eres un campesino de la época de la revolución agrícola, que durante el día aras la tierra con las manos, pico y pala, y en las noches unas horas antes de dormir te diriges a tu taller donde estás construyendo un sistema mecanizado para el cultivo, arado, sembrado y riego eficiente.




Resulta que llega el día en que ves funcionar tu sistema y te das cuenta que eres dueño de tu propio tiempo. Te sientas en el corredor exterior de tu rancho a visualizar cómo la máquina que construiste te da el sustento y ahora con el tiempo liberado, en tu cabeza comienzan a pasar nuevos sueños y nuevos horizontes que nunca antes habías imaginado.

Algo similar está pasando con esta revolución de la información. Hay personas que luego de haber tenido una jornada laboral de todo el día regresa a su casa, comparte la cena con sus seres queridos y luego se sienta frente a una computadora a crear máquinas de dinero. ¡Hasta que lo logran! Es mi historia, y quizás la historia de muchas otras personas.



El campesino de la revolución agrícola conoce una ley: la ley de la siembra y la cosecha.

Es una ley donde la participación humana es mínima frente a la participación providencial del universo y la naturaleza. Me explico colocando el ejemplo del ejercicio de germinar un frijol.

Debes colocar en el fondo de un frasco de cristal un fragmento de algodón aplastándolo de tal manera que genere una superficie suave. Sobre esa superficie coloca dos o tres granos de frijoles evitando que queden cerca uno del otro o queden debajo del algodón.

Luego agrega un poco de agua para humedecer el algodón, y evitar que sea en exceso.

Y finalmente coloca el frasco en una ventana donde entre suficiente luz.

Hasta aquí llegó nuestro trabajo, quizás hacer esto nos quitó una hora de nuestro valioso tiempo, pero supongamos para darnos más crédito que durante todo un día estuvimos ocupados haciendo este proyecto: Primero aprendiendo cómo hacer este proceso, luego comprando los materiales y finalmente ejecutando las tareas. Luego viene el trabajo de la providencia:

El primer día el frijol absorbe el agua.
En el tercer día, se comienzan a visualizar las raíces
Al sexto día la planta ya tiene tallo, pero las hojas están cerradas.

Al noveno día ya se abren las hojas y ya tienes plantas de frijol listas para ser sacadas del frasco y ser sembradas en la tierra.




Si hacemos una relación de trabajo vs tiempo, nueve días se tomó la naturaleza en hacer su trabajo y un solo día nos tomamos nosotros en hacer nuestro trabajo.

Eso equivale a un 10% hecho por nosotros y un 90% hecho por la providencial naturaleza. ¡Dándonos un poco de crédito eh!




Ahora te pregunto, ¿Qué hubiera pasado si nuestro 10% lo hacemos mal? Es decir, ¿Qué hubiera pasado si hubiéramos colocado el frijol debajo del algodón, llenado el frasco de agua hasta el tope y no ponerlo a la luz sino debajo de una mesa?

Pues nada, hubieran pasado los 9 días y no hubiera pasado nada.

Y quieres que te diga una cosa, muchas personas soñamos con una planta de frijol, pero nunca la vamos a tener porque el 10% que nos toca hacer para tenerla no está alineado con el 90% que la naturaleza o el universo tiene para ofrecernos.

¿Sueñas con tener independencia económica? ¿Sueñas con viajar y no preocuparte porque se acabarán los recursos? ¿Sueñas con tener la casa propia para ti y tus seres queridos, y no solo la casa sino construirla a tu gusto?




Bueno, ¿dime cómo estás haciendo tú 10%? Porque si la gran parte de tu tiempo estás ocupándolo en la construcción de los sueños de otro, porque te pagan y necesitas el dinero, ese 10% no te pertenece, tendrás que sacar fuerzas y energía como el campesino para poder trabajar en las noches en tu propio 10%. Es una fuerza que solo las personas que hacemos clic y entendemos que estamos parados en una gran revolución de la información nos lleva a construir esas máquinas que aren la tierra en un futuro por nosotros.

El universo todo el tiempo está entregándote ese 90% que necesitas para que tus sueños se hagan realidad. Está esperando a que te alinees a su frecuencia, a que hagas tu 10% bien hecho. 




Así como en el ejercicio de germinar un frijol alguien tuvo que dar las instrucciones, yo te voy a dar las instrucciones para que logres hacer ese 10% bien hecho para que puedas vivir de la internet y no fallar en el intento.

En la próxima lección te contaré un poco de mi historia, cómo descubrí ese 10% que debía hacer, los fracasos que tuve y los aprendizajes que me dejaron para luego de cuatro años de intentos soltar mi empleo para aventurarme a una nueva vida.

Si deseas ver esta explicación en video te invito a que visites el canal de YouTube de Vivir de la Internet dando clic en el botón de reproducción:

Juan Fernando Urrego

Emprendedor Digital


07/12/2021

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