La paz del pescador


Un hombre rico y emprendedor se horrorizó cuando vio un pescador tranquilamente recostado junto a su barca contemplando el mar y fumando apaciblemente su pipa después de haber vendido el pescado.

¿Por qué no ha salido a pescar? – Le preguntó el hombre emprendedor.

Porque ya he pescado bastante por hoy – respondió el apacible pescador.

¿Por qué no pesca más de lo que necesita? – insistió el industrial.

¿Y qué iba a hacer con ello? – preguntó el pescador.

Ganaría más dinero – fue la respuesta – y podrías poner un motor nuevo y más potente a tu barca. Y podrías ir a aguas más profundas y a pescar más peces. Ganarías lo suficiente para comprarte unas redes de nylon, con las que sacarías más peces y más dinero. Pronto tendrías par tener dos barcas, y hasta una verdadera flota. Entonces serías rico y poderoso como yo.

¿Y qué haría entonces? – preguntó de nuevo el pescador.

Podrías sentarte y disfrutar la vida – respondió el hombre emprendedor.

¿Y qué crees que estoy haciendo en este preciso momento? – respondió el apacible pescador.

Mientras trabajas, vas de un lado a otro, entre la prisa y premura pasa la vida. La vida es eso, pequeños instantes que aplazamos cuando estamos muy ocupados. ¡Detente!, ¡Respira!, ¡Huele, toca, observa, saborea, escucha! La felicidad no es un destino sino la forma de caminar. Camina de tal forma que te permitas hacer pausas y descubrir donde está la vida.
Juan Fernando Urrego

Emprendedor Digital


10/02/2022

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